Espíritu Santo

Sobrevolé el Mar de Cortés y ahora tomo café esperando a mi compañero de blog y de viaje: ajonjolí ji.

Hace unos años que no viajo sola. La vida ha cambiado desde que escribía en estas páginas.

Qué delicia recorrer horizontes, hablar con desconocidos, esperar.

Cuatro vueltas después en el café doce cuarenta

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Cruzando el Océano Indio; Bali a Cocos.

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Originalmente publicado en Gôin̉gṆỡẈ:
? Error El video no existe Quizás algún día se embarque conmigo alguien que sepa filmar y editar. Entretanto, aquí mis mejores esfuerzos. ?

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Viajes por correo

El paquete llegó directo a nuestra puerta. Yo vi cuando lo amarraron y apretaron en la tienda del señor Ramesh Rashinkar en Shivarampet Mysore 1. Arné envía sus paquetes desde esta tienda a México. Enviar un paquete desde esta tienda fue como cerrar un círculo, como si los paquetes anteriores  que yo recibí en mi casa fueran un presagio de lo que sucedería años después, cuando yo enviara mi propio paquete desde allá a mi casa, como prueba de que mi presencia en esa tienda lejana sería verdad.

«Un olor no se puede recordar, pero sí se puede oler un recuerdo», me dijo Arné citando a Pablo. Regalos e ideas vienen empacados en este paquete que huele rico, huele a India, huela a tienda, huele a señores poniendo sellos y guardando registro en los correos de la India y de México a nombre de Inés, Julia y Matías Gómez Espejel.

La tienda del señora Rashinkar  está enfrente de un templo, y de un mercado donde compramos unas toallas que vienen en este paquete. Ramesh es la tercera generación que se ocupa del negocio de telas y de accesorios para yoga. Su hijo va a estudiar ingeniería y espera que después se ocupe, como él lo hizo, de la tienda de su familia.

Hoy que llegó el paquete a mis propios hijos, yo espero que ellos vayan en persona a poner paquetes con el señor Ramesh.




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Gate 21: L.A. – México City

Lista a abordar. Parece ser que la puerta 21 es la puerta trasera de la puerta 66. 


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Llegué al pasado

Salí de Hong Kong el 19 de abril a las 00:55 am y llegué a Los Angeles el 18 de abril a las 10:10 pm. Salí de noche de HK, me dormí, desperté y era de día, un ratito después era de tarde y otro ratito más después era de noche otra vez. 

Mis maletas tampoco se fueron «directo» a México. Aquí estoy con ellas esperando que abran a las 3:30 am el mostrador de Aeromexico ¡qué bueno que empaqué una bolsa de plastico!

Hong Kong de noche

Aquí desperté y era de día

 

De día

De tarde


Noodles en el avión… me encantan

L.A. de noche

Yo

Espero

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Premisa  2: Manila es un archipiélago. 

Como Filipinas completa, Manila funciona como archipiélago: Ciudades unidas por grandes avenidas con distribuidores viales y peatonales elevados. Los malls son su alma: hay zonas que tienen malls interconectados entre ellos y con salida o entrada directa al tren elevado (metro). Hay malls para todos los bolsillos y si de plano no alcanza hay muchos vendedores ambulantes. A ratos se parece a la calzada de Tlalpan.

Para disfrutar de Manila hay que circular de una burbuja a otra en SUV. Así hicimos los primeros días. 

Gigi nos hospedó en su casa enorme y nos dio de cenar a la una de la mañana la primera noche que llegamos. La noche siguiente nos invitó a cenar con su esposo Pol al (hotel) Península y el domingo nos llevaron a la residencia donde hospedan a Arné: edificio nuevo con alberca, gym, sauna, wifi, mayordomo y mozos, en una de las Ciudades nice: Ortigas. Todo nuevo, limpio, práctico y a 300 metros del Shangra Lá, hotel donde está el salón de yoga dentro del Spa que huele a madera fresca y tiene alfombra y música suavecitas. 

Heather se quedó en el shala donde da clases: una casa espectacular con cuatro salas de estar, muebles de ratán y de piel, tapetes y cubre camas tejidos en seda, obras de arte, alberca, mozo, chofer y mucama. 

Pero como somos todo terreno, y Arné me quería enseñar todo, no sólo nos quedamos de este lado ascéptico del archipiélago urbano, fuimos en tren, en Jeepee y a pie a Manila Intramuros -la Ciudad Vieja. Nos hizo bien salir de la burbuja porque así se veía todavía más cómoda y lujosa, pero también más peligrosa, porque los muros enormes que resguardan esos villages -donde están esas casas-, también se sienten en las miradas de la gente de a pie que ya no nos sonreía al vernos y ya no nos pedía tomarnos fotos con ellos. Se sentía la mirada del recelo, del rencor del dinero, y también se sentía el peligro asociado a la gente enojada. En India nunca sentí esto, por más pobres que fueran, siempre nos sonreían o nos gritaban o nos empujaban, pero no nos veían con el rincón de los ojos, callados, atentos a nuestras manos y bolsas. 

Esa Manila es más peligrosa que la India que visitamos. Y también más apestosa. Ahí sí huele mal, a drenaje, a desperdicio, a gente sucia, a gasolina, a concreto caliente. En India huele a todo junto: incienso, caca, vaca, cabra, jazmin, chai, diesel, dulces, fruta fresca, charco, calor, flor de mayo. 

Manila es un conglomerado de ciudades diseñado para circular en coche, como gran parte de la Ciudad de México. 

Grandes contrastes en Manila. En la calle hace un calorón y en los malls hace un fríazo. En los villages se vive como en Florida o Polanco y fuera de ahí se instala un hedor a pobreza.

Su idioma es como si se hubieran armado a la fuerza tres rompecabezas juntos, y lo hubieran dejado así como una imagen posible de entender: inglés, español y chino son los idiomas base del Filipino. 
En Manila, Arné y Heather tienen muy buenos y queridos amigos que practican seriamente yoga. Los invitan y los cuidan, fueron muy amables, alegres, chistosos y generosos conmigo también. No me sorprende que se sientan como en casa. 

Vista del amanecer desde el departamento de Arné


 

En su restaurante favorito del mundo

Jeepee (le digo yo)

Manila intramuros

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Gate 3 y 32: HK – LA

El vuelo de Manila venía lleno. Todos salimos corriendo a conectar al mundo: Londres, París, Roma, Brunei, Zurich, L.A. En este último me subí yo. Estos enormes aeropuertos son ciudades, son una paréntesis en el tiempo y en el espacio. Estuve en tránsito, lo que significa que «no estuve» en Hong Kong aunque estuve dos horas.  Al salir a las salas parecía metro, todos corriendo y otros medio perdidos en las 530 salas. En la pantalla de Cathay se anunció la salida de mi vuelo en la sala 3, y en lo que baje y caminé hacia allá la cambiaron a la 32; a correr de regreso. Ahora ya voy aquí sentada. Las luces se empiezan a apagar, el gran espectáculo de volar la noche larguísima hacia «ayer» comienza. 

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Gate 108: Manila – HK

Voy de nuevo cruzando puertas para volver. Mis maletas ya se fueron «directo» a México.  Qué chistoso porque yo me bajo en Hong Kong y en Los Angeles. ¡Quién fuera maleta! Viajan en otra dimensión. Aunque pensándolo bien, mejor para mí ir despacio, puerta por puerta, llegando a otros lados, sin vuelos directos. 

Son las ocho de la noche del 18 de abril. Llego a México el 19 de abril a las once de la mañana. Pero no llego mañana, llego pasado mañana, en el otro 19 de abril, el del otro lado del mundo. Ya es de noche y llegaré de noche a Los Ángeles en un día. 

En Manila se quedan Heather y Arné, con el calorón de las calles, el friazo de los aires acondicionados de los malls, las ensaimadas, los pescados fritos para desayunar, y sobre todo, mucha gente que los quiere y los cuida. 

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Ajonjolí jí

Cuando se quiere a alguien en India o se le tiene respeto, se añade a su nombre el sufijo «jí». Los maestros por eso son llamados «gurú jí». 

Algunos yoguis después de cierto tiempo de estudiar y de practicar reciben de su gurú un nuevo nombre (creo que) relacionado a sus cualidades o a sus gustos, como Padma o Premshiva. 
Durante los cuatro días que Varanasi nos visitó a nosotros, pude apreciar cualidades y gustos de mi hermano. Tiene diez años viajando constantemente a India y a South East Asia -como le gusta decir-, y en esos viajes se le han marcado algunas facetas: 

Budista (porque le dimos vuelta a los cilindros del templo con las patas derretidas por las piedras incandescentes del medio día), Surfer (por sus lentes, sus chanclas y su tabla que vive en Bali), Sikh (porque trae puesta la pulsera de plata distintiva de esta religión), Ricksaw Driver (porque se amarra una toalla en la cabeza y conoce atajos y tarifas), Astrólogo Veda (por su anillo Navaratna), Maratonista (porque nos lleva caminando porque «ya estamos aquí»), Hindú (por Ganesh y por toda su familia), Navegante (porque lee mapas y compra boletos), Golf Player (porque checa cómo va el masters), Guadalupano (porque todavía tiene mi medallita), Bell Boy (porque carga maletas y empuja carritos), Joyero (porque conoce el slang bling bling del Saraswathi Puram donde compra, intercambia y platica sobre diamantes, rubíes, rudrakshas, oro, kilates y cortes), Scuba Diver (por su reloj vintage de buzo y su snorkel), Bird Watcher (por sus binoculares con los que persigue pericos y murciélagos), Asceta (porque puede dejar de comer 10 horas y se queda dormido en cualquier rincón), Yogui (porque practica todos los días a las 5 am), Asistente de Migración (porque dirige el tráfico en las filas de seguridad y abre paso a los que van perdiendo el avión), Argüendero de Templo (porque se pelea con los que se meten en la fila), Publirrelacionista (conoce a todo mundo y todos lo conocen. Los que venden cocos, los que fríen papas, los que juegan Ping-Pong, los dueños de restaurantes, los marchantes de toallas y telas, los perros de la calle, las pedicuristas, las señoras que rentan cuartos, los vendedores de Chai. A todos me los presentó). 

Por todas estas facetas el nombre alterno de Arné llegó solito: 

¡Ajonjolí jí (de todos los moles)! ¡te voy a extrañar!

Anjali mudra clases de yoga en Varanasi

Con puja en el entrecejo

Meditando en el templo de la Universidad de Varanasi

Con su trapo amarrado en la cabeza en el Amber Fort en Jaipur

En donde enseñó por primera vez Budha

Comprando rudrashkas en Varanasi

En el pesero comprando boletos hacia Manila Intramuros

Con su amigo Dexter que lo reconoció en la calle en Manila

Con sus pedicuristas que le dicen Chetan

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Rangolis everywhere (En India)

Algunas mujeres cuando se levantan en Mysore, lo primero que hacen es barrer la calle y pintar con una especie de gis un rangoli en la entrada de su casa. Me contó mi amiga Ashvini que así las mujeres comienzan el día haciendo algo bonito que les dará tranquilidad durante el día. Los rangolis son diseños florales y geométricos de buena suerte. 

Los seguí y me pareció encontrarlos en los pisos, en las herrerías, en los tapetes, en los tatuajes de hena, en los saris, en las celosías, en los frisos de yeso. Quizá, todos invocando el buen augurio. 


Ashvini, su papá, su mamá y yo

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